Por: María de los Ángeles Correa
En un entorno donde la inmediatez se volvió sinónimo de competitividad, y donde las personas buscan no solo un trabajo, sino un lugar que haga clic con su propósito de vida, las organizaciones enfrentan un doble desafío estratégico: reducir costos y tiempos de contratación sin sacrificar calidad ni experiencia humana.
Según datos recientes de reclutamiento en América Latina, un proceso tradicional — sin apoyo tecnológico, basado en publicaciones laborales clásicas, manual de hojas de vida y entrevistas múltiples — puede tomar en promedio entre 36 y 42 días para cerrar una vacante. Esto incluye revisión de CV, entrevistas y evaluaciones, con costos que para la empresa pueden llegar a representar entre 20% y 25% del salario anual del nuevo colaborador si se externaliza el reclutamiento, o alrededor de COP 16 millones por contratación en procesos internos tradicionales en el mercado colombiano.
Estos tiempos no son irrelevantes: cada día que una vacante queda abierta se traduce en productividad perdida, oportunidades no aprovechadas y presión adicional sobre los equipos existentes por posible sobre carga laboral.
Mientras la organización calcula tiempos y costos, el candidato vive un proceso que puede sentirse interminable y cargado de ansiedad. En Colombia, quienes buscan empleo tradicionalmente pueden invertir hasta cinco meses o más desde que inician la búsqueda hasta que reciben una oferta, enfrentando incertidumbre, viajes para entrevistas, impresión de hojas de vida y, muchas veces, sin recibir retroalimentación clara.
Este “tiempo de espera activo” se traduce en:
Para muchos, esta búsqueda se convierte en un empleo paralelo, consumiendo recursos y energía mental que podría invertirse en aprendizaje o productividad o incluso en innovación; un candidato talentoso, que desperdicia sus habilidades en una búsqueda que parece no tener éxito.
Aquí es donde la Inteligencia Artificial entra al juego como motor estratégico, no como sustituto humano. La adopción de IA en reclutamiento ya está demostrando resultados que impactan tanto el Estado de resultados empresarial como la experiencia humana
📊 Empresas que implementan IA en sus procesos de selección reportan:
Esto no solo reduce costos directos— como horas hombre de reclutadores, uso de agencias externas o recursos administrativos — sino también costos indirectos asociados a vacantes abiertas prolongadas.
Pero el ROI va más allá de la aritmética:
En un mundo donde los individuos buscan no solo empleo, sino significado, los procesos tradicionales quedan cortos:lentos, costosos y muchas veces desconectados de la experiencia humana detrás de cada hoja de vida.
La inteligencia artificial — especialmente cuando se implementa con una estrategia clara y con supervisión humana — reduce fricción, acorta tiempos y libera a los equipos de Gestión Humana para centrarse en lo que realmente importa: las personas.
Porque al final del día, reclutar no es solo llenar una vacante, sino acercar a una persona con propósito a una organización donde ambos puedan crecer juntos. Y eso no tiene precio… solo impacto medible en resultados.
Ahora bien, seamos honestos: históricamente, los presupuestos de Gestión Humana — bienestar, atracción, selección, formación — suelen ser de los rubros más pesados en la mesa directiva. Y, muchas veces, también de los más complejos de sustentar cuando llega la pregunta incómoda, pero necesaria: ¿cómo esta inversión en talento apalanca realmente los objetivos organizacionales?
Aquí es donde la tecnología deja de ser un gasto y se convierte en palanca de eficiencia y claridad. Herramientas como Magneto, que integran inteligencia artificial en los procesos de atracción, evaluación y selección, permiten traducir la inversión en talento en métricas concretas: reducción de tiempos de contratación, disminución de costos operativos, mejor calidad de match y decisiones respaldadas por datos.
Lo que antes era percepción, hoy es evidencia. Lo que antes era intuición, hoy es analítica. Y lo que antes era un presupuesto difícil de defender, hoy se convierte en una inversión con ROI visible, alineada al Estado de resultados y a la estrategia del negocio.
En un mundo donde las personas buscan trabajar con propósito y las organizaciones necesitan resultados sostenibles, la inteligencia artificial— bien usada — se convierte en el puente entre ambos. Y cuando talento y negocio hablan el mismo idioma, los resultados dejan de ser una promesa y se convierten en realidad.